Fecha de nacimiento
1 de enero de 1984 (42 años)
Lugar de nacimiento
Lima, Perú
Pie hábil
Derecho
Estatura
184 cm
178
Goles (clubes)
380
Partidos
65
Asistencias
124
Selección · PJ
41
Selección · Goles
José Paolo Guerrero Gonzales nació el 1 de enero de 1984 en Lima, en el barrio de La Victoria, el mismo donde está enclavado Alianza Lima. Hijo de Petronila Gonzales, una madre que crió sola a Paolo y a su hermano Julio César Uribe (también futbolista profesional y referente de la selección peruana en los años 80), su infancia transcurrió en un entorno marcadamente humilde.
Comenzó a jugar al fútbol en las divisiones menores de Alianza Lima, donde se le notó pronto la potencia física y el instinto goleador. Sin embargo, la posibilidad de internacionalizarse llegó muy joven: el Bayern Múnich, durante una gira por Sudamérica, vio en él un proyecto y lo fichó para sus categorías formativas a los 18 años.
El salto de La Victoria a Múnich fue duro. Paolo tuvo que aprender alemán, ajustarse a un sistema profesional radicalmente distinto y soportar la lejanía de su familia. Esa primera etapa europea moldeó su carácter combativo, que sería marca de fábrica el resto de su carrera.
Guerrero debutó profesionalmente con el Bayern Múnich en 2004 y alternó con el filial. Compartió vestuario con figuras como Michael Ballack y Roy Makaay. Sus oportunidades en el primer equipo fueron limitadas, pero su trabajo le valió respeto interno.
En 2006 dio el salto al Hamburgo SV, donde alcanzó su consagración en la Bundesliga. En 2009 protagonizó un episodio recordado: tras ser sustituido en un partido frente al Hannover, lanzó una botella de agua —enojo del momento— que terminó impactando a un aficionado. Le costó una sanción importante pero quedó como parte de la mitología 'guerreriana': pasión irrefrenable.
Anotó 24 goles en 110 partidos por el Hamburgo y se consolidó como un centrodelantero clásico: fuerte de espaldas, dominante en el juego aéreo, preciso de cabeza.
En 2012 Guerrero firmó con Corinthians, en lo que sería el inicio de un largo idilio con el fútbol brasileño. Ese mismo año ganó el Mundial de Clubes, anotando el gol decisivo en la final contra el Chelsea (1-0 en Yokohama). Aquel tanto convirtió a un peruano en goleador del campeón del mundo, una rareza histórica.
Su paso por Flamengo (2015-2018) lo elevó a la categoría de ídolo: anotó goles claves, ganó el Brasileirão de 2019 (con Inter) y se convirtió en un nombre familiar para la afición carioca. Las canciones de la hinchada del Mengão sobre él circulan todavía.
Con el Internacional de Porto Alegre disputó otros años más, hasta su regreso a Sudamérica peruana en la década de 2020.
Paolo Guerrero es el máximo goleador histórico de la selección peruana, con 41 goles (cifra que sigue ampliando). Su impacto en el seleccionado va más allá de los números: fue el capitán que devolvió al Perú a un Mundial tras 36 años de ausencia, en Rusia 2018.
La eliminatoria rumbo a ese Mundial estuvo marcada por una controversia que casi le impide jugar: en octubre de 2017 dio positivo en un control antidoping (benzoilecgonina, metabolito de la cocaína) cuyo origen Paolo y su equipo legal atribuyeron a un té de hoja de coca contaminado. Tras meses de batalla judicial ante FIFA y el TAS, le redujeron la sanción a tiempo para que pudiera jugar el Mundial.
El gol que marcó frente a Australia en Rusia 2018, ya en el tercer partido del grupo, sigue siendo uno de los momentos más emotivos del fútbol peruano contemporáneo. Era el reencuentro de un capitán con una afición que lo había esperado durante décadas.
Tras décadas en el extranjero, Paolo Guerrero retornó a Alianza Lima en 2024-2025, donde había dado sus primeros pasos. El acuerdo cerró un círculo de más de 20 años: el muchacho que se fue al Bayern volvió al barrio que lo formó, convertido ya en una de las leyendas vivas del fútbol peruano.
Su llegada a Matute movilizó a toda la afición íntima. El primer entrenamiento fue televisado, y miles de hinchas se asomaron a la tribuna para verlo de vuelta con la camiseta blanquiazul.
Guerrero es un nueve clásico, de los que el fútbol moderno está dejando de producir: pivote físico, dueño del juego aéreo, capaz de descargar la pelota con precisión y de finalizar en cualquier zona del área. Su técnica de cabeceo se considera entre las mejores de su generación en Sudamérica.
Su otra arma es el carácter: la épica del 'capitán que no se rinde' lo acompaña desde sus primeros años. En Perú es una figura cuasi-religiosa para la afición.